jueves, 25 de julio de 2013

DÍA A DÍA CON LA VERDAD UNIVERSAL: 25 de julio



DÍA A DÍA CON LA VERDAD UNIVERSAL:

Comentarios exegéticos
sobre El Libro de los Espíritus, de Allan Kardec:
La obra cumbre del pensamiento universal:
25 de julio


12. Si no nos es dado de comprender la naturaleza íntima de Dios, podemos, nosotros, concebir algunas de sus perfecciones?
-“Algunas sí. El ser humano las entrevé con el pensamiento tanto mejor cuanto más se eleva por encima de la materia”-.

COMENTARIO EXEGÉTICO DE GIUSEPPE  ISGRÓ C.

Trascendiendo la conciencia objetiva y la lógica del razonamiento inductivo y deductivo, así como el propio ego, interiorizándose, el ser humano puede percibir, en la propia conciencia, por el lenguaje de los sentimientos, los valores universales que conforman los atributos divinos, de acuerdo al grado de necesidades que experimenta, y en el foco de atención en que centra su conciencia perceptiva.
En estado de interiorización, en meditación, el ser humano puede, intuitivamente, o mediante la inspiración, percibir los atributos de la Divinidad y comprenderlos en determinado grado, como una guía de vida.
El sentimiento de los valores universales, expresados por el Ser Universal en la conciencia de cada ser, en los cuatro reinos naturales, es posible percibirlo, aún, en la conciencia objetiva, en la vida diaria.
 En la medida en que se aprende a escuchar el mensaje que conllevan, centrando la atención en las percepciones intuitivas e inspirativas, la aptitud perceptiva se va afinando, siendo más nítida su guía y lúcido el conocimiento que aporta.
Los valores universales constituyen los atributos de la Divinidad. Desarrollados en grado infinitos en el Ser Universal, en todas sus vertientes y variantes, constituyen algunas de sus incontables perfecciones.
Al ir identificando los valores universales vamos identificando algunas de las perfecciones de la Divinidad, Esto es factible hacerlo en el propio grado-estación y valor-estado de conciencia perceptiva en que cada ser se encuentra.
Este nivel perceptivo de las perfecciones de la Divinidad se irá incrementado en la medida en que lo haga su nivel perceptivo-evolutivo de conciencia. Es el trabajo-estudio de cada ser en los cuatro reinos naturales en la eterna polarización, y en el eterno retorno.
Empero, el ser –en cada reino natural- posee los mismos atributos de la Divinidad, idénticos en todos los sentidos. Pero, a cada quien, únicamente le es posible percibirlos en el propio nivel perceptivo de conciencia, a medida que va afrontando necesidades o anhelos de realización.
Tanto los atributos divinos, o valores universales,  como el poder creador de la Divinidad, los poseen todos los seres de los cuatro reinos naturales. Constituyen el eterno estudio del ser. Mientras más se aprende a percibirlos, -y a recordarlos-, mejor percibirá que los posee ya. Siendo cada ser una emanación a la conciencia individual de la Divinidad, sin separarse de sí misma ni dejar de ser ella misma, él conoce sus propios atributos, pero no los recuerda conscientemente. Por eso decía Platón que aprender es recordar.  Pero, en la conciencia individualizada, en cada ser de los cuatro reinos naturales, todo comienza desde un grado cero de percepción. 
Pero, ya, el ser "sabe" -intuitivamente, y por inspiración- a partir de ese momento, y el conocimiento inherente irá aflorando, en su conciencia, por el lenguaje de los sentimientos relativos a los valores universales, -o atributos divinos- en la medida en que va afrontando situaciones por resolver. Al afrontar, objetivamente, cada caso, y resolverlo por ensayo y error, o por conciencia perceptiva, va acumulando "experiencias", desarrollando aptitudes de comprensión, de hacer o de dejar de hacer, dándose cuenta de las realidades vinculantes, que le permiten percibir, ipso facto, u oportunamente, lo pertinente cada vez que vuelve a afrontar situaciones similares. Esa experiencia le faculta para hacer frente, gradualmente en un nivel más elevado, las nuevas realidades existenciales.
Constituye su labor ir descubriendo el potencial infinito de sus atributos divinos y su poder creador. Mientras lo hace va contribuyendo a la realización de la Gran Obra de la expansión universal de la Creación. Y percibe, por esa labor, como pago, el salario cósmico, que no es más que la conciencia perceptiva en un determinado estado y estación, y el poder creador que le es inherente.
Los nombres dados a la Divinidad, según la concepción sufí, es otra de las maneras de percibir algunas de sus perfecciones.
A través de cada uno de esos nombres se denota, una a una, parte de las infinitas perfecciones de la Divinidad.
Mientras más se expanda la conciencia de cada ser en todos los estados-valores, y estaciones-grados de conciencia, se irán percibiendo las perfecciones de la Divinidad en ese mismo nivel.
Las perfecciones de la Divinidad deben ser nuestras propias perfecciones, gradualmente, en forma consciente.
Poseemos todas las perfecciones de la Divinidad, en grado potencialmente infinito, por cuanto hemos emanado a la conciencia individual, a partir de la misma Divinidad, perfectos.
Pero, la expresión de la perfección es la virtud que eternamente iremos desarrollando, en todas sus vertientes y variantes, –estados y estaciones-, en la realización de la cuota de aporte a la Gran Obra de la Creación de acuerdo con los planes trazados por el Gran Arquitecto del Universo.
La conciencia de Dios es la conciencia de cada ser. Con sólo escuchar más íntimamente la voz de la conciencia, se puede percibir en mayor grado las perfecciones de la Divinidad.
Esa voz de la Divinidad es la de los sentimientos de los valores universales, y la fuerza de empuje o de bloqueo, que la misma Divinidad, como inspiración manifiesta en la conciencia de cada ser. Su objetivo es el de servirle de guía en el camino del eterno retorno del ser individual al Ser Universal.
Un gran número de las perfecciones de la Divinidad podrán ser percibidas contemplando las maravillas de la Creación Universal y observando más atentamente todas y cada una de las coincidencias que se van expresando en la vida de cada ser, diariamente.


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